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Relato erotico y video de una vecinita rubia

22-02-2012 - Publicado por admin
Pinterest

La miré desde mi cabina en el ciber café, disimulando, pero aún así, me delataba. Su pantalón ajustado de tela negra, pegado a su culo redondito, se vaiveneaba solo para mi, en armonía a los leves movimientos de sus brazos pálidos que desde su espalda coqueteaban con los codos, sin darse cuenta, en el mostrador.
Podía imaginarla en un video del tube, danzando anónimamente para mis deseos, en ropa interior blanca, moviendo en ochos imaginarios su cintura, la pelvis, agitándose para mostrar mejor sus nalgas perfectas, sus piernas largas, su abdomen rectilíneo, su busto respingado. Pero no era una cita por cam.

La rubia preguntaba en el mesón cuánto era lo que debía de internet. Minutos antes me había preguntado……………. cómo se hacía el comando de la arroba. Su ojitos verde claro me miraron parpadeando sus remarcadas pestañas, serio e indiferente, cosquilleándome la panza, le dije el cómo. Su peinado le dejaba caer un mechón sobre su rostro, su perfume de flores y su piel de leche me recorrían las venas como un quinceañero. Su dulce voz era encantadora.

Pude ver que se esforzaba en enviar un correo y visitaba el fotolog de alguien. Tal vez el pololito, un amigui, un alguien, suficientemente afortunado como para que ella fijara su interés en él.

La rubia se marchaba y yo seguía de reojo su partida. Quería ver desde debajo de la escalera su hermoso y pequeño culo prieto. Cerré todas las ventanas de lo que veía y también pagué. Ya ascendiendo, ahí estaba. El pan recién salido del horno, dividido en dos esponjosas marraquetas circulares coquetas que disimulan el deseo de ser cubiertas por el brillo de la dulce clara de huevo. Con imaginación podía difuminarse el tono del pantalón y las sombras ausentes que dan forma a la carne que es retenida por cualquier prenda de vestir. Sentí el cosquilleo de la culpa y de la ansiedad y de lo prohibido. Seguí despacio tras ella, esperé que saliera definitivamente del local no sin antes deleitarme con satisfacción por su rostro que se volteó a despedirse con una sonrisa. Cruzó la calle para esperar locomoción y se perdió entre el tráfico y una micro con número indefinido.

Esa noche soñé con ella. Una tronadera de tripas se tornó molesta unida a su recuerdo. Quizás a que distancia estarán en uno el amor y la mierda. Pero ese inevitable nerviosismo amoroso convertido en cita al trono, no tenía nada de romántico. Como sea, a media noche, en una de las visitas al water, imagine su torso delicado y su culo cubierto de negra tela. Erección inmediata. Encendí un cigarrillo y vestido apenas bajé del edificio rumbo al barrio de las putas.

Son tiempos violentos. La noche y la ciudad saca a relucir sus bestias cuando la mayoría no mira. Con cuidado caminé las dos cuadras para llegar donde me harían el favor de evacuar el deseo. Mientras esperaba, unos tipos me bolsearon unos cigarros. Los lentes me daban ese aire intelectual que incita a tratarme como imbécil. Maldito astigmatismo miópico.

La cosa es que tenia en mente una cafishe a la que le trabajan dos universitarias las cuales ya había tratado sin riesgos. \”Promoción de 20 lucas la hora y media\”, pa qué mas que con dos polvos. Había que esperar que pasasen los turnos anteriores para ir a que me sobaran la penca.

Una vez terminada la felación, volví repuesto a mi departamento. Los mamones que se mandó la putita estuvieron a rabiar de wenos. Jamás intentaría una penetración ipso facto al \”cliente\” anterior. Quizás que huaso marciano se lo habrá puesto con ladilla u otra mierda venérea en la flor del amor en arriendo. Lo bueno fue que la pendeja también andaba rucia, y con sus ojitos de niña buena me miraba sometida desde abajo mientras la chupaba. Quizás cómo lo haría la de mis fantasías.

A la vuelta: el cuarto vacío. El frío y las sombras, el ruido y las luces de la calle. Melancólicos gruñidos de una bohemia decadente, de jóvenes drogadictos e indigentes confundidos con la basura. Luego de unas horas, amarillo pálido es el color de la displicencia. Amarilla la luz del sol, que asoma por la cordillera. El humo del cigarro y el insomnio, durmieron de la mano. Para no rendirme a Morfeo, dos pastillas milagrosas surcaron con agua la garganta.

10 am. Verano y calor que asciende. El sudor se disuelve en la camisa y los suspiros que escapan incontenibles. No es amor, amor, es cansancio y tedio. Fotocopias y paseos inútiles. Pornografía y placer desenfadado en una mente que dice una cosa mientras piensa otra. Miras las tetas de la putita curiosa que para pasar el rato te habla de cómo es su pololo y de lo que van hacer cuando salgan de vacaciones. Imaginas como se le mete el bikini por la raya del culo y como las gotas de sudor descienden desde su cuello al valle de las tetas. La miras a la cara sonriendo y dices lo divertido que será salir de vacaciones, concluyendo la frase sólo para ti mismo que se lo pasen bien por el orto para que gima con su chillona vocecita hasta decir basta.

Imaginando insultos, la rabia se descarga invisiblemente.

A mediodía llegó al despacho una jovencita de parte de su abuela, preguntando por el estado de un reclamo. Olía a colonia barata, lucía alta y robusta, sin panza, gomas de buen porte ocultas en un peto a rayas horizontales blancas y rojas. Su piel era tersa y rosada, como una cerda tierna que muestra el ombligo egocéntrico antes de dibujar sus firmes caderas disfrazadas de pantalón de tela, también blanco.

Preguntó con voz delicada y suave, entre ignorancia y nerviosismo. Le dije que esperara y tomara asiento.

voy a decirle a mi amiga que pase- dijo la jovencita regresando a la puerta.

Surgió desde la bruma de colonia pobre, la figura de la rubia que tanto anhelaba. Féminamente se me subieron los colores al rostro y una cara de depravado que no podía evitar, que desmadraba mis ojos, que me indicaba mirar culo y gomas, brazos y pliegue de la entrepierna, pelo y ojos, cuello y rubores. Perfecta. El cuadro de la rubia del deseo era sencillo, musa de campo, cabello bien teñido, desplante, personalidad, mundo. Era demasiado refinada para ser pobre y lo suficientemente discreta para no ser una señorita mojigata o una puta . Me encantaba.

Ambas mujercitas quedaron aguardando que mi jefe las atendiera. Ocupado como estaba, quedaron ellas en los sillones, mientras yo miraba a la rubia, boquiabierto, como pavo, ido.

me convidas agua, querido ¿?- dijo la musa

Quedé perplejo. El modo en que sugirió algo tan simple contraía mis tripas y me patentaba de caliente. No dejaba de mirarla. Hasta que suspiré y como buen empleado hice lo que debía. La chica pobre se hacía la tonta, sonriendo levemente, también coqueteando, hasta que fue solicitada por el jefe y se levantó del sillón encaminándose al pasillo contorneando el culo ostensiblemente, mostrando lo suyo. La rubia quedó en el sillón, conmigo, en la misma sala.

así que aquí trabajas – dijo sonriendo la rubia del ciber

como ves…no es mucho – dije incómodo

pensé que eras otra cosa, no sé, abogado o burócrata, por la pinta- concluyó la srta.

las apariencias engañan- dije para salvarme, humildemente.

mejor…. así no serás tan dificil de ligar – y se cubrió la sonrisa con su delicada mano, mirando hacia el otro lado. Me sonrojé de inmediato, again. Me turbó que ella tomara la iniciativa. Sólo esperaba que no fueran rollos míos. Ahí si que la cagaría, malinterpretando, imaginando cosas, por califa.

Cuantos años tienes – me dijo

28 ¿ y tú?– mentí

20, aunque no debería decirlo, jejeje- dijo mirándome de lado

El temblor a la barriga se tornó indominable. La rubia irradiaba sabor, no sólo olor, era algo inmaterial que magnetizaba, me ataba hacia ella, la mirada y los sentidos, la piel, el calor, la respiración. El terror de arruinarlo todo tensó mis músculos, expulsó de mí sudor, un par de palabras estúpidas.

y tú ¿ donde trabajas ?-

yo?……aun no encuentro trabajo. Terminé mi práctica hace poco, así que trabajo formal no tengo, aunque me divierto con otras cosas….- contestó jugando, coqueta y riéndose sólo contrayendo los ojos.

como cuales…por ejemplo- inquirí

eso me lo reservo – concluyó, y me guiñó uno de sus pequeños ojos.

Hubo silencio. Perturbado como estaba, mi mente divagó en lo etéreo de imaginarla tan bella e ideal. No se si Bridget Bardot sería una musa exuberante del cine mudo. Lo que sí sé, es que ella hubiera continuado muda, inaccesible, irreal y lejana, si no me hubiera hablado.

Sí, si sé que he visto diosas perfectas, carnes ideales, musas exquisitas siendo penetradas por mi real verga y hediendo a sexo antihigiénico gracias a mi mundano dinero. O a jovencitas prematuras o en su punto de belleza escultural, griega clásica, curvilínea, atravesadas por la misma carne, transpirando sudor muy humano, gimiendo muy sensuales, exclamando y exigiendo más verga, más fuerte, más duro o por atrás, de una manera muy humana, sexual, vulgar o como reza el insulto: como perras. Pero no sé que me pasaba, la veía inimaginablemente ideal siendo conciente de que sólo es otra mujer muy bella. Y pensar racionalmente no pude, salvo el como agüantar la sobreviniente tronadera de tripas y el deseo vehemente de partir al baño.

estás nervioso – pregunto la rubia

un poco…- le dije entrecortado, conteniendo el estómago y soportando un grato hormigueo sexual, inspirada en la simpática expresión de la musa. Quizás que se imaginó de mí la mujercita.

Ooh, veo que es en serio…te pones nerviosos con las mujeres. Que tierno…!!!- dijo jugando otra vez

…ehh…noo…esto ssolo tú lo provocas…ah…- dije con ceño arrugado, siendo honesto, resistiendo.

…no se que decir…no sé si me halagas o me ofendes…jejeje-

Es en serio- terminé

La rubia dejó de jugar. Miró hacia otro lado y cruzó las piernas. Llevaba un ligero traje blanco, parecido al de yupie hippie. Bronceada, rubia, ojos verdes, cara redonda jovial y alegre, pómulos rosados, estupenda. Sostenía su rostro con la mano la cual se apoyaba en su rodilla cruzada. Su blanco calzón le cubría de encaje la zona decisiva y como un taparabo primitivo dejaba sus nalgas libres metiéndose toda la tela en el culo. Bastaba imaginarlo al ver sus piernas y sentir ese aroma infinito de hembra independiente. Sus ojos claros lo exhibían. El mensaje era claro: Cógeme si puedes, que si no, ya no seré tan dulce ¿ eres lo suficientemente hombre para hacerme gemir de placer o eres un niño que aún se soba las pelotas con cada culo perfecto que pasa?.

No supe que más hacer.

Mi tránsito laboral es del depto 1526 al depto 2024. Trabajo en el mismo edificio en que vivo, así que permanezco en el mismo sitio las 24 hrs del día, si no camino hacia ningún lado. Que tedioso.

La rubia terminó despidiéndose antes de que le insinuara algo más y partió con su amiga ingenua hasta nunca. Esa tarde fui a la plaza, a ver que tal las piernas y las lolas.

14 hrs. 32 ° Celsius. Infierno, calor, faldas cortas. Ya se extrañaban. Aprovecho el tumulto y me subo al metro a correr mano. Sobajeo el culo de una pokemona bastante potable. Predecibles 18 años, porta apuntes de preuniversitario. Falda sobre calza negra. Polera negra abierta en V, pegada a una figura bastante plana. Peinado emo. El tren se repletó. Espalda contra espalda se rozan nuestros culos lo cual utilizo para remplazar mi cachete por mi mano sin agarrar. Suavemente acaricio en círculos lentos con toda la palma de la mano aquel culito estudiantil, erecto y sensual al tacto. La mocosa mira hacia el suelo y suspira. Yo pienso que se resigna, total, la juventud ahora es liberal, promiscua. En sus fiestas hacen cosas peores o de mejor calidad, pero a la hora del metro ya no importa, es sólo otra experiencia. Ruido no hay. La música de walkmans, mp4, Ipod, etc, irrumpe la atmósfera también plagada de olores. Mi mano se mete en la raja de la flácida posadera, sigue masajeando a la putita la cual abre los muslos esperando a que continúe. De espaldas es sencillo. No se nota más que un leve movimiento de antebrazo. La chica toma sus apuntes con las dos manos, su expresión aún es un misterio para mí y llega la primera parada. Pienso: debo regresar a las tres y media. Bajaron dos personas así que aún se puede hacer algo. Meto el dedo por el ano sobre la calza de la chica. El encanto se rompe. La chica se gira y me toca el paquete. Audaz e inesperado. La chica me soba por encima del pantalón, desde atrás tomando ella la iniciativa, con una mano pequeña a un ritmo que ella al parecer dominaba.

Otra vez estación, más gente desciende. Todo se arruina. Me quedo con la verga enhiesta, contenida por el pantalón y el boxer, latiendo deseo. La chica se sienta en el suelo con las piernas cruzadas y me muestra la entrepierna oscurecida, pues se ha mojado un poco. Me animo a ir por ella. El estupro en estos tiempos, ya no existe. La tome de la mano sin siquiera mirarla a los ojos. Nos metimos en un oscuro lado de la estación que todavía estaba abarrotada de gente e ingresamos a un baño. Liviana como estaba, la tomé en el aire, giràndola, y fui por su entrepierna con mi boca. Introduje mi lengua por sobre el género y suspiró la pequeña, dócil y con viveza. Al mismo tiempo ella sacó de mi pantalón a mi compañero, que para ella estaba erecto listo para penetrarla. Lamía la abertura de mi pene electrizando el sentido y la sangre, concentrándola aún más fuerte. El sesenta y nueve resultaba perfecto a la paraguaya y mi lengua ya iba por su tajito aún rosado y pequeño. Lamí con frenesí mientras ella se quejaba tal vez porque le molestaba mi barba. Gemía atosigada pues el jugo de mi pene y su saliva le enjuagaban la garganta de una satisfacción oral. Saboreaba despacio sin la vehemencia con la que yo lo hacia. Sus jugos comenzaron a oler mas fuerte y mi excitación permanecía igual, sin intención de acabar aún, tentado por la boca de una virgen que no se animaba a meterse mas falo por la boca. Sólo la cabeza ingresaba y el restante cuerpo se inflaba incompleto ansioso y salvaje. Un temblor silencioso recorrió por completo el cuerpo de la joven que lanzó un suspiro largo de placer. Había tenido un orgasmo.

En ese instante fue que sentimos que abrían la puerta. Chocó con mi espalda y con la rodilla de mi joven amante desconocida que estaba colgando y apoyando sus muslos en mis hombros mientras descansaba de su orgasmo. No dijimos ni pío. Nos metimos a una gabeta como si yo fuera a cagar, pues era el único que tenía los pies en el suelo, y le señale a la mocosa que no estirara las piernas o nos cacharían. Pero fue pura halaraca. El conserje no nos vió. Limpió con un paño el suelo y continuó el recorrido. Menos mal que estabamos justo detrás de la puerta de entrada y el baño era chico.

Como sea, eso condimentó aún más el deseo. Estaba muy caliente. Por primera vez vi a la cara a la joven preuniversitaria una vez que la desmonté del sesenta y nueve, y estaba roja de calor y calentura. Pero ya estaba satisfecha. Se arregló la ropa y ni recordando que traía una carpeta, se fue del baño sin siquiera mirarme. Me arreglé el pantalón y la camisa para volver al trabajo. De vuelta alcancé a ver solo un par de buenas tetas y dos culos reventones.

Antes las minas armaban el tremendo escándalo para darte una chupadita.

El teléfono de la pendeja, estaba seguro, sería la puerta que me llevaría donde la diosa. La pendeja amiga de la rubia del ciber, por supuesto. El trabajo no siempre es tan malo.

Llamé a la hora de almuerzo, mientras estaba en la cabina del ciber. Contestó precisamente la rosadita peuca.

¿alo? ¿Con quien hablo ?-

alo, usted habla con Eduardo, el administrativo de…-

ah…si, lo recuerdo….dime…-

yo la llamaba…no por trabajo….sino por si usted podría venir ahora a la oficina…-

es por lo de mi tia?- preguntó la muy weona

no…es para algo relacionado, pero necesito que sea usted quien venga…- mentí

…no se….a ver…déjeme preguntar….

Se demoró un poco en contestar. Era cierto que era tonta la minita y muy dependiente de la tia. En fin.

ya…mire…como en media hora estoy por allí. De acuerdo ¿?-

muchas gracias doña…-no alcancé a recordar el nombre.

Claudia, mi nombre es Claudia…siempre olvidan mi nombre – anticipó la joven, entristeciéndose.

No…le juro que iba a decirlo, pero weno…nos vemos doña Claudia…hasta luego…-

Corté. Sonreí mientras mandaba un par de mensajes aduladores a las minas de un chat indeterminado. Cerré las páginas que veía y volví al trabajo.

En hora de colación había pensado en hacer algo nuevo. Con eso en mente y el objetivo de sonsacarle información a la peuquita acerca de la musa, me daba por vengado del día anterior.

La muchacha era bonita e inocentona. De esas que se hacen la mosquita muerta, que no hacen nada mas allá de lo debido, por pudor, pero que en el fondo se revelan a sus deseos de la misma forma que casi todas las mujeres: poco a poco o repentinamente.

Llegó un cuarto para las dos. La invité a tomar asiento y quedamos solos en la sala de espera de la oficina. Me acerqué a ella, tomando un tono más confidencial.

mire Claudita…¿la puedo llamar así, no?- dije muy suave acercándome al sillón dónde estaba. Si vino sola y sin motivo, era por algo.

…este…discúlpeme pero, mas que saber eso ¿me podría indicar por qué me mandó llamar ?

Bueno…este…por lo de su tía, me gustaría saber detalles de la situación, para ver si yo la puedo ayudar, de manera privada y sin que mi jefe sepa- dije confiado que no me iba a delatar

usted se preguntará por qué el interés…bueno…es que la chica que la acompañó la última vez, es conocida mía, y me gustaría ayudarla a usted y a ella a sacar un pedazo de la torta que le corresponde…-

Hizo una pausa. Incrédula respondió:

ella no me dijo nada….se complicaron las cosas, por dioos…-

no, sólo que no tiene la prioridad que usted desearía-

estamos hablando de mucho dinero, don Eduardo-

sí, lo sé- repondí mirándola directamente a los ojos verdes en medio de su carita rosada

….y qué función cumplo yo en este asunto…yo soy bien ignorante en estos temas-

usted podría darme el teléfono de su prima. Ella olvidó dármelo, pues con ella acordamos entendernos. Resulta obvio que usted también resultará beneficiada. Todo esto, por su puesto, bajo el secreto de no contárselo a su tía ni al contador-

Al momento que terminaba la última frase, puse mi mano sobre su rodilla. Se sonrojó sin decir nada. Incómoda, movió su culo en el sillón, alejándose.

comprendo… ¿pero como me beneficiaré de esto?- cuestionó la minita, razonablemente, que el día de hoy no coqueteaba

dinero…de lo que obtengamos, claro está. De la suma que le pedirán por honorarios o de los supuestos trámites que haya que hacer. No es mucho, pero sirven para salvar el mes-

…ah..- dijo brevemente, entendiendo la escaramuza

¿acepta entonces?- dije mirándole el escote de la polera que traía, descaradamente.

Dudó un poco. Evadía mi mirada y observaba la puerta, con intenciones de irse. El calor también le sofocaba.

gusta bebida, srta Claudia?- pregunte levantándome del sillón

no, gracias-

¿ y agua?– insistí

…bueno…ya…- dijo para salir del paso

¿discúlpeme don Eduardo pero usted no está haciendo esto sólo para comunicarse con mi prima no más?- interrogó la jovencita, colorada y dubitativa.

…usted que cree…- le dije con cara de malicia por fin encontrando sus hermosos ojos verdes.

Cuando volví estaba más serena. Sentada con las piernas juntas, los pies en puntillas, agitándolos, las muñecas descansando encima de las rodillas, mirando el techo como niña.

aquí tiene –

Tomó del agua sólo un sorbo y lo dejó en la mesa de centro. Quise abordarla sentándome junto a ella.

me puede dar el número, por favor?

Déjeme buscarlo-

Hurgó en su cartera barata, buscando su celular. Lo tomo con delicadeza y con su voz aguda me dijo el numero.

muchas gracias, muy amable- le dije

no se preocupe, si me di cuenta que ustedes se gustaban- dijo sonriendo, tiernamente – yo había pensado que….. bueno déjelo…hasta luego-

Dijo la frase y le di un beso corto en los labios. Al reaccionar, me miró aterrada. De seguro pensaría que yo no había comprendido lo que ella.

pero cómo usted hace esto, mejor me voy de aquí- regañó infantilmente

no lo haré…- le dije, mientras iba por otro beso. Se resistió un poco al principio. No me dejaba besarla, apretó los labios, las piernas, con sus bracitos me empujaba para alejarme de ella, repudiándome.

¡Déjeme!- jadeaba- si no…gritaré…- resistía. En esa chance pude besarla de lleno. Costó al principio pero poco a poco se dejó besar. Traía poca experiencia y se fue entregando, hasta lograr un beso muy apasionado. Al final quedamos extendidos a lo largo del sillón, yo encima de ella procurando no aplastarla ni presionar su cuerpo mas allá de lo que pretendía.

Mis manos sólo la acariciaban desde los brazos a la cintura y mi lengua hacía el resto. La saliva lubricaba los labios en largos besos profundos que ella, perdida en el sinsentido apasionado, con los ojos cerrados, disfrutaba al máximo. Parece que no la habían besado mucho.

Pasada media hora reaccionó. Me quedó mirando para que me quitara de encima, colorada, caliente y transpirada con el deseo abriéndose paso en medio de sí. Debió sentirlo y se asustó.

yo…ya debo irme- dijo más turbada que cuando llegó, desentendiéndose del asunto.

Pase al baño…y arréglese el pelo y la ropa- le dije sonriendo

Esta bien…-

Cerro la puerta del baño y yo miré mi reloj. Faltaba una hora para iniciar el horario de trabajo. Debía decidirme en correr el riego o no. Estaba demasiado caliente.

Pasé al baño. La muchacha triste se observaba en el espejo ordenando su pelo. Al abrir la puerta del baño de empleados, que la empujó un poco, me miró con sorpresa, ya sin miedo. De seguro lo esperaba. El baño de servicio es estrecho y pensé muchas veces estrenarlo, sin posibilidades, hasta ahora.

Me posicioné tras ella, con mi penca ya acomodada, y la puntié en medio de los cachetes del culo. Su potito ideal podía sentirlo muy cerca, pues los pantalones que llevábamos eran de tela. El contacto era casi directo entre el cuerpo de mi falo y la canaleta de su raja. Nos frotamos. Mis manos sostenían sus hombros, abrazándola desde su espalda. Su cuello oloroso a colonia juvenil fue impregnándose de mis besos que parecían comerla. Mis suspiros caían detrás de sus orejas, en su cabello, y ella se agitaba impulsando sus caderas hacia atrás para que su culo continuara el roce.

Jadeos inmediatos, las caricias fueron tornándose más carnales. Tomé con una mano su tetita izquierda y gimió enardecida. Nunca he sabido por qué eso excita tanto una mujer. Con la otra sobaba la parte interior de sus piernas y ella se apoyaba en el lavamanos dedicándose a sentir las caricias amatorias. No había escapatoria. El espacio entre el lavamanos y la puerta alcanzaba justo para nuestros cuerpos.

La excitación se apoderó de ambos. Bajé lo que pude de su pantalón. Por la abertura del cuello de su polera obligué a salir sus tetitas aún presas del sostén de ropa china. Se escandalizó gimiendo más agudo.

¡Ey! espérate, espérate un tantito, es que…es que ando con mi regla…- se alcanzó a entender entre sus gemidos.

Eso no importa- le dije. Sabía que estaba mintiendo. Los olores son inconfundibles.

Le había desordenado las ideas. Una niña mentalmente se rinde ante las nuevas sensaciones que les va regalando su cuerpo cuando se transforma en mujer. Las nuevas emociones del placer surgen primero en el sexo femenino, pues ellas son quienes dan la oportunidad a ansiosos niños u hombres sin escrúpulos. La única diferencia es el \”modo\” que da la experiencia. Imagino que valoran penes con mayor kilometraje pues resistirán mas penetraciones en el lugar estrecho.

oye…mejor no.. ¡pare! don Eduardo, mejor…mejor me voy pa mi casa….- susurró la minita

no voy hacerte nada que no quieras, pequeña – le dije, orgulloso de dominar la situación. – mi hora de trabajo ya va a empezar -.

Quuéééééé !…entonces debo irme-

No, no te vayas, quédate en mi departamento. Está acá abajo- le insinué.

…ah?!, no, mi tía me debe estar esperando. Debo preparar la once…- dijo suspirando, mirando hacia bajo donde sus ropas mostraban huellas de caricias.

bueno, entonces adiós- dije mientras me retiraba de sus espaldas, bajaba el cierre y me disponía a mear en el inodoro que estaba justo al lado. No la pensaba dejar marchar.

Miró mi pene enhiesto, largo e inflado de sangre lleno de venas que lo hacían ver poderoso y fuerte. El chorro que expulso caía con fuerza y sonrojada suspiró para mirar a otro lado.

Se vió en el espejo como mujer. Las caricias del amante al fin podría desearlas al menos en el recuerdo. Y aquél pene que imaginó profano pudo verlo en su extensión, y se atrevió a desecharlo.

Una vez que se acomodó la ropa, quiso salir. Mi pie se impuso en la puerta. Miró hacia abajo donde mi verga también la miraba.

ya po…que quiere hacer…- insinuó pícaramente.

Terminó de decirlo y sonó la puerta. Llegó alguien a la oficina. No supe si era el jefe o un compañero de trabajo. Nos miramos asustados. Yo me reí. Con voz sigilosa la chica preguntaba qué íbamos hacer. Le dije que me esperara. Iba a salir a arreglar el asunto y le avisaría para que saliera. Mentí.

Volví al trabajo. El que había llegado era Nelson, siempre correcto. Le pregunté por unos informes pendientes de la mañana y me dijo que ya los había hecho.

Pasó una hora. La chica debía morir de angustia. Pegué dos golpes a la puerta del baño y ella se retiró apurada hacia la salida. Mi tiró una mirada asesina.

Dormí como los dioses. Había soñado con la diosa bailándome y mostrándome su rosada feminidad por webcam. No se por qué imaginó eso mi subconsciente. Estaba en el ciber de siempre mirando porno cuando desde una ventana ella me guiñó el ojo y tecleó un mensaje breve en chat abierto. Le dije una par de weás calientes y se rió sólo para mí. Se quitó la bata, y sus sostenes de encaje fueron delineadores perfectos de la circunferencia de cada seno. Puso música suave y empezó a contornarse para bailar sensualmente sin mostrar el rostro. Podía ser cualquiera, incluso la puta que lo lamía como los dioses. Pero esta rubia no portaba ninguna mancha ni imperfección en la piel. Se balanceaba armoniosamente al ritmo del scketch que imaginariamente había planeado para este sueño de verla desnuda y deseándola, pero siempre ajena y lejana a mi deseo soberbio de cogerla. Bastaba verla simular sexo y oir sus gemidos mientras mostraba los jugos que su sexo vertía. Sus ojos cerrados y su vulva en primer plano, exhibiendo la carne y publicando su placer. ¡Que bella mujer inalcanzable! Que caliente estabamos ambos ainque haya sido sólo un sueño.

El dia comenzó bien, casi nada de trabajo. Bajé al ciber de la esquina y me topé con la rubia.

debe ser el destino – me dijo. Sólo sonreí. Descendimos al subterráneo juntos y comentó algo de su prima. Confesó que le había llamado la atención.

Mira…yo creía que no- mentí – ¿disculpa, te puedo ayudar en algo?- pregunté ya dominándome ante ella, perdiendo pánico.

Si…podrías ayudarme a buscar trabajo ¿?, tu sabes que una mano lava a la otra?- dijo muy simpática

A ver que puedo hacer- respondí aún imaginando su sexo abierto y sudoroso de amor.

Mis intenciones de mirar porno se fueron al carajo. Pero la cercanía que había obtenido con la rubia me tenía contento.

Nos sentamos en cabinas juntas y por un rato ella se desentendió de mí. Era el fotolog del pololo.

así que él es el afortunado- dije

sí, ¿no es precioso?- respondió

así parece. Te gustan los cuerpos bonitos- afirmé

y los no tanto también- me dijo coqueta

te animarías a almorzar conmigo ¿?- pregunté

preferiría mas trde. Puedes ¿?-

pues claro-

estamos, no vemos a las siete-

ok-

Se despidió con un beso en la mejilla. El dulce olor de cuerpo y el perfume asesinarían de deseo a cualquiera. Yo quedé knock out.

La tarde se hizo larguísima. Fui al baño muchas veces me corrí dos pajas. Nelson me pescó pal webeo.

Está mala la mano parece – dijo sonriendo

A qué te refieres, Nelson-

A que no matas la gallina con nadie, aweonao-

Eso crees, gorriao – le dije

La tarde continuó sin sentido.

Llegada la hora llamé a su celular. Le pregunté donde estaba.

y como sabes mi celular?-

secreto de caballero- mentí

ya….este…juntemonos en el Picasso-

vale-

Corté. Me iba a salir cara la cita. Puntearme a la prima me salió gratis ahora iba a pagar por las dos.

Conté mis centavos, verifiqué el saldo de la tarjeta y sí, alcanzaba.

Llegó preciosa. Traía el cabello tomado con una cola de caballo, buzo ajustado azul marino con bordes y rayas paralelas a las piernas blancos, arriba de la rodilla, polera everlast blanca que dejaba a la vista su ombligo, resaltaba sus tetas y acentuaba su cintura. Aparentemente volvía del gimnasio.

sin trabajo y al gimnasio- la saludé bromeando

esta figura no es obra de Dios- dijo con seguridad

le ayudas a la creación…me parece bien-

y a mí misma. En los ratos libres, digamos en las noches, con mi pololo hacemos eventos y…adivina quien es la modelo-

wuau…- dije. Solamente. Quedé perplejo. Ya sospechaba que la mina ideal era ajena a mis intereses. Pero no me explicaba la propiedad con que hablaba, la fluidez de su lenguaje, pues no era tonta. De seguro estaba sin trabajo porque no le pagaban lo que pedía.

El resto de las horas conversamos de todo. Hasta que llegamos a la parte en que habla del pololo.

el es fenomenal en la cama. Es robusto, deportista como yo, tierno, lleno de energía. Me encanta. Me hace sentir plena-

En ese momento te preguntas que rayos haces tú pretendiendo comerte a la diosa si ya tiene a su Adonis.

y te gustan los intelectuales – pregunté sin motivo

…a ver….déjame pensarlo- dijo colocándo cara de seriedad simulada y empezó a reírse.- podemos ser buenos amigos….-

La miré y no pude evitar la carcajada. Tanto dolor de tripa terminó en mierda, figurativamente. Perdida la tensión de seducirla, el diálogo restante fue más ameno. Nunca dejó de ser genial lo que decía, las ideas que planteaba, sus proyectos.

ya…me tengo que ir….shuuu…el Nico se va a enojar…besitos, chauu…- dijo apurándose.

Me dio el beso cerca de la boca. Mire con descaro su hermoso culo perfectamente dibujado por el buzo.

Maldije mil veces la suerte de los gorilas.

El findesemana llegó a buscarme a las 17 hrs. Un sol espantoso redimía de fuego la tarde. Tomé una ducha larga sin manfinfla. Pensé en ir a la discoteca que me señaló la rubia del ciber, Alejandra.

Miré dos peliculas gringas con el ventilador a todo dar. A las once de la noche me aparecí en el pub que me indicó la diosa y pedí whiskey con hielo: el resumen de mis contradicciones. A dos mesas de distancia estaba la prima de Alejandra. Me miró con desprecio. Andaba con una amiga, igual de desabrida que ella. La hostigué con la mirada hasta que me miró y fue al baño. La seguí.

La salude con un beso apasionado, que en el pasillo oscuro, pasó inadvertido. Me pegó una patada en la pierna que aguanté como pude el grito y se metió al baño de mujeres. Auch. La chica tenía su orgullo. Por lo que se veía, no había mucha gente. Así que me hice el lindo y entre al baño, por Claudia. Era cierto. Estaba sola en el amplio baño del Pub y sentada, meando. Sus calzoncitos de osito eran inconfundibles.

A mi favor jugó que la puerta estaba mala. Pase y ella me miró estupefacta. De seguro jamás imaginó que sería tan caradura. Cerré la puerta y le puse el paquete en la cara. Lo evadía. Tomé sus manitas, las puse en mis nalgas y le dije hola. Me miró desde su vergonzosa posición y se puso colorada. Sólo escondíó su rostro mientras el ruido de su orina terminaba de caer al urinario. Sí, se excitó. Mi verga crecía y fue tomando forma. Le apreté suavemente la nariz y abrió la boca. Sobre el pantalón el calor de su saliva seducía mi sexo. Le sostuve la cabeza, meneándola, para que sobara atravesado el falo. Exquisito. Bajé el cierre y ella me ayudó a sacarlo.

Primero puso la punta en su boquita sólo eso le entraba. Suficiente. Volvió a poner sus manos en mis nalgas y yo sólo empujaba con la pelvis hacia sus labios. Sus dientecitos de ratona la hacían ver más pequeña de lo que en realidad era. Su moño le mostraba una amplia frente que delataba sudor de goce tierno. La succión genital se volvió monótona, así que levanté a Claudia del urinario un poco para que me masturbara con sus tetas. La blusa colaboró en todo. Me abrazaba y frotaba a un ritmo gentil que instigó a mi falo a ir por más.

Quedó finalmente de pie con las piernas abiertas esquivando el espacio que ocupaba el urinario y el colalés en uno de sus pies. Metí un dedo por la entrepierna, levantándole la falda hasta llegar a la vulva. Estaba mojada, pero no abierta. Insistí con el dedo índice y me hice un espacio para meterlo. Me lo impidió. Decidí no hablar, sólo para que todo siguiera su curso, entonces descendí a su pubis para probar si con la lengua, la muchacha sabor a leche materna y de colonia barata, se entregaba a mis encantos.

Un sabor a orina fresca, salada y penetrante, pasó desde mi gusto hasta el olfato. Un gemido caluroso huyó de su boca. Y me hizo recordar que estábamos en un lugar público en el cual pretendería posteriormente conversar con la rubia. Calmé las ganas y fui hacia la puerta y le puse el seguro. La pendeja aún estaba ardiendo con los ojos cerrados vino hacia mí, por un beso.

de a poco, pequeña – le dije.

No respondió. La puse contra la pared junto a la puerta y levanté su falda para que mostrara el culo. Puse directamente mi verga en medio de sus cachetes, frotándome en el espacio y sintiendo con los pendejos y las bolas, la suavidad de sus nalgas. Luego descendí como si fuera a penetrarla, pero no lo hice. La pendeja se dejaba hacer todo. Puse mi miembro en medio de su entrepierna, frotando desde el monte Venus hasta casi la ranura del orto. Rozaba su clítoris y con eso le bastaba. Me apretaba con sus piernas y hacia el roce más delicioso. Suspiraba entrecortado, ufaba, disfrutaba el sobajeo. El golpe de mi pubis contra su cuerpo parecía un gran aplauso grave e interminente. Sometida como estaba, Claudia, ya no se contuvo más y se movía libremente, como si nada más importara. Yo la montaba a lo perro. Fenomenal.

Cuando tocaron la puerta nos detuvimos. Alguien preguntó por Claudia y ella respondió que estaba bien. No molestaron más. Sólo había pasado un rato y las minas tocaban una y otra vez la puerta así como yo iba y venía de entre las piernas de Claudia.

La amiga de Claudia debía de estar aburrida. En cambio, la pendeja disfrutaba el roce y se mojaba tanto como para penetrarla. Como estábamos en esa y ella no podía impedirlo, puse la cabeza de mi miembro en su vulva y gimió agradecida. Pidió que por favor se lo metiera. Wuau, cuando esto pasa es por que uno hace bien el trabajo previo. Despacio fue accediendo su estrecha vagina, mojada y hedionda a sudor y sexo. Su interior espeso, ardiente y jugoso, me apretaba la verga sutilmente. Ya no dolía nada. Ansiosa por terminar, Claudia por fin decidió moverse y fue ella quien tomo la iniciativa de los movimientos. Yo me quedé tieso como un palo, con las caderas hacia delante, permitiendo que la minita lograra lo que deseaba. Cuando empezó a gemir mas rápido, la tomé por las caderas y las embestidas las hice más duras y profundas, como a casi todas les gusta cuando están muy excitadas. El golpe de la piel me fascina.

Una vez que el último gemido se alarga y gimen apretando los ojos como liberando algo dentro de sí mismas, y no paran de suspirar, es que los espasmos de placer son la resaca del orgasmo.

Cansada Claudia, suspiraba una y otra vez, enrojecida, ardiente, transpirada. Se dejó caer sobre sus rodillas mientras de su sexo aún caían fluidos transparentes y espesos de pasión. Mi penca aún estaba parada y brillaba latiendo, ansiosa de más sexo. Pero la minita, aparentemente, ya no quería más guerra.

Las apariencias engañan.

Salimos del baño tomados de la mano y una fila de chicas aguardaba. No, no tenían una cita de sexo conmigo. Me miraron y cuchichiaron entre ellas. De seguro le tiraban mierda a la mocosa. Puta leí en sus labios. Claudia estaba avergonzada.

Me senté en la mesa en que todavía estaba su amiga, con una cara larga. Cuando nos vió llegar de la mano, sonrió.

estuvo bueno, parece…- le dijo la Chica a Claudia, que aún estaba acalorada. No le dijo nada.

El mesero se nos acercó y me dio un recado del administrador. Le dije que iba de inmediato, como así mismo le encargué que juntara las boletas de mi consumo con la de las chicas.

El administrador era un hombre gordo, corpulento y serio. Me dijo que tuviera cuidado pa la próxima. No quiere desprestigiar su local. Así es Chile. Pagué la cuenta e invité a las muchachas a mi departamento. Accedieron de inmediato.

Claudia se duchó primero y esperaron que yo también lo hiciera. Salí desnudo y la otra pendeja me quedó mirando justo ahí, la entrepierna. Se hizo la tonta.

Volvimos como a las dos y media al pub y bajamos a la disco. Sonaban unos temas antiguos y las chicas, como si lo anterior nunca hubiera pasado, se pusieron a bailar. Yo encendí un cigarrillo, mirando como las demás muchachas hablaban de nosotros.

Alejandra no llegó nunca.

Las cinco de la mañana y yo pensando en la rubia con la verga enhiesta. Las chicas se fueron a su casa en taxi y todos amigos muy felices, aquí nunca pasó nada. Si al menos la pendeja se hubiera quedado para pegarnos unos polvos en la cama. En fin, quien entiende a las mujeres.

Como les decía, la rubia no llegó. Estaba triste y masajeaba al compañero suspirando. Hasta las bolas las tenía melancólicas.

De caliente puse un dvd con los videos amateur del tube. Uno polaco me dejó loco. En ella la chica se montaba al novio mostrándole la espalda sin dejar de preocuparse por la cámara. Que bien logrado estaba ese video. En fin.

El teléfono sonó: era la rubia. Pidió hablar inmediatamente conmigo, a solas, donde fuese. Le dije que en mi casa. Llegó casi al tiro.

Enfadada, entró sin pedir permiso y se sentó en el sofá con propiedad. Me dio un sermón que nunca olvidaré. Que cómo se me ocurría tirarme a su prima en un lugar público, que por qué me aprovechaba de su confianza, de la amistad y la custión, que la chica era inocente, que yo no tenía derecho a ser así, que era un degenerado, y cosas así por el estilo.

Yo no dije nada. Me quedé callado mirando como ella gritaba, la fuerza de sus palabras, lo bella que era.

¿andas con el pololo?- pregunté

qué te importa –

te estuvimos esperando…-

manerita de esperarme…-

sólo pasó, comprende, además por qué te interesa tanto…-

oye…es mi prima cashai?!-

sí y…-

no te la podís tirar, por último en otro lado, no sé. Ahora de seguro que piensan que somos de las mismas. Me \”jotearán\” mas weones, me dejaronn mala fama-

ah, vale, creí que eso no te importaba-

pero ahora sabes que sí me importa –

…no creí que te afectaría tanto…yo soy así….además…nos conocemos recién…-

No weón. Nos conocemos desde hace harto tiempo. Te acordai de la pendeja rica que te culiaste en un paseo de verano, mierda ¿? cuando eras un pendejo baboso y espinilliento ¿?-

…ahh…?!, tai webiando….-

no, maricón, yo soy Marcela Subiabre, no podís ser así de basura…- concluyó casi al borde de las lágrimas.

Francamente no pude recordar el rostro ni la escena en cuestión. ¿Esta mina tan rica ya me la había tirado?

Fue hace diez años. Paseo de curso, colegio de monjas y de curas en campamentos adyacentes. Salvamento de pobres con trabajo de hijos de ricos. Paradoja idiosincrática.

La rubia era una mocosa y yo también en aquellos años en que la rubia no era rubia. Pero tenía todas sus cositas bien puestas. El romance se dio en la fogata de la última noche, un escape en la oscuridad, el monte, la luna, los primeros besos calentones. No le pidan más a weones moralistas.

Bajo un árbol lejos del campamento nos besamos apasionadamente. Mis manos desfilaron caóticamente como polilla mareada por la luz de la luna. El perfil de su silueta de mujer naciente constaba de curvas prominentes para la edad que tenía. Profanador de cuna le decían a quien tenía romances con chicas de cursos inferiores. Profané con besos, corridas de mano, punteos sobre la ropa. Nada más. Su nombre nunca lo recordé. Esa misma tarde nos conocimos. Al día siguiente nos despedimos para siempre.

Según la rubia no fue así. Ella dice que yo le quité la virginidad. Eso, definitivamente, lo recordaría. Pero no, ella dice que prácticamente la violé y la obligué a hacer algo que no quería, tal como pasó con su prima. Por eso le molestaba tanto lo que habíamos hecho. Pendejadas.

La rubia en el diván permitió que le convidara whisky. Su calma se disolvió en el hielo del trago. El show terminó para comenzar su versión del recuerdo.

Me gustabas en aquel tiempo, tú sabes como son las pendejas a esa edad. La chica de primero se enamora del de cuarto. Yo no era tan romántica como las otras, yo sabía que si quería algo debía jugármela. Eso hice. Supe del paseo y me colé al paseo de mi hermana. Así terminamos el ultimo día, atinando bajo el árbol. Había luna, lo recuerdo bien. Los besos fueron subiendo de calibre hasta que por fin quisiste penetrarme. Yo no quería, tenía miedo del dolor. Habías tomado y estabas borracho, así que no te importó mucho. Subiste la falda y bajaste el cierre de tu pantalón. Si bien me aproveché de tu borrachera y eras para mí un \”hombre\” idealizado, jamás imaginé que tú te aprovecharías también de tu estado.

No entró a la primera. No habías ni quitado el calzón con el apuro. Estabas desesperado por entrar. Yo me resistía sin gritar, pues tenía miedo de que se dieran cuenta de lo que había hecho. Igual era chica para eso. Tú ni ahí. Tu miembro me punteaba sinsentido. Entró igual y fue doloroso. Estaba caliente pero nunca tan mojada como para recibirte. Además, me dolía la espalda porque me tenías contra el árbol. Fue espantoso….

no dijiste nunca nada a nadie …Alejandra…o sea…Marcela ¿?-

Demoró en contestar .

– nada. Cuando te volví a ver pensé que al menos te acordarías de mí, pero fue inútil. Y para colmo esto, te afilas a mi prima de 18.-

Qué iba a decir. Sólo miré descender las dos únicas lágrimas que por su bello rostro descendieron. El tinte de su cabello y los años no sirven de excusa. Al menos su olor permanecía en mi inconsciente, deseándola.

me gustas como Alejandra – dije, caradura.

Me miró con cara de nada.

ah!!??….no seas ridículo – me dijo enfadada

¿ eres conciente de lo bella que eres?. No recordaba el pasado, pero tu olor…tu olor es fascinante…e inolvidable…te olvidas de lo nervioso que me pusiste al principio –

creí que era el remoridimiento…-

La rubia se levantó con intenciones de marcharse.

me debo ir…permiso – dijo ya sin ninguna lágrima.

Le sostuve un brazo.

es en serio…- dije rogando

a ti no puedo creerte nada, imbécil – dijo con sus profundos verde claro fijos en mis pupilas

La besé. Me mordió y borbotones de sangre caían de mis labios. Asustada se me acercó y preguntó si estaba bien. Yo sólo la miré y reí. Con el índice derecho empapado de sangre, le dibujé una raya larga en la mejilla. Ese era su trofeo. Ya tranquila, se marchó. Eran las seis de la mañana.

Nos topamos en el ciber, otra vez. Ni me saludó. Era domingo por la tarde. Mi labio no había cicatrizado. Ella portaba un esplendorosa falda crema y en la soledad de las cabinas me acerqué a saludarla. No se voteó a mirarme.

sí, hola…..que tal – dijo en tono seco

aun estas enojada – pregunté

no, ahora tengo ganas de tirar contigo – dijo con sarcasmo

por qué vienes a este ciber- pregunté

para espiarte, degenerado –

en serio…-

en realidad es para ver tu patética cara flirteando con minas por chat-

Intentar hablar con ella sería inútil. Debía conformarme con mirarle el culo a la salida. Y el webeo del chat.

La soledad se podría parecer a esta despedida. La abandonada sala del ciber, con cubículos personales, la esencia de su recuerdo apretando el teclado, una pantalla encargada de enajenar individualmente, todo conectado a un servidor que provee la falacia de relaciones interpersonales a través de banda ancha con redes por todo el mundo pero que en la practica se reducen a los de habla en español o inglés, como mucho. Pero creo que sólo es una de las muchas formas de la soledad. Buscar el amor en el orgasmo, el porno, voyeurs de lo real, de los abrazos, del placer, es una soledad más orgánica y real. Sin embargo, luego de despedirse, si te he visto no me acuerdo, es un factor que le es común a ambas soledades pues el olvido siempre es la más terrible amenaza luego de la simulación de intentar aprender el nombre de alguien.

La rubia pudo ser el amor de la vida pero prefiero las amantes esporádicas, que me ceden sus cuerpos o los arriendan por el tiempo que necesito que me acaricien. La necesidad de dar cariño se reduce a la simbiosis de la penetración. Y el placer acompañado de sonrisas mientras disfrutamos solo ese pedazo de tiempo que se nos otorgó para estar juntos.

Luego adiós, como en la muerte.

La prima a veces viene a dormir al depto después de las fiestas, sin compromiso. La rubia coge con el novio en la calle, los he visto en el parque, a oscuras, haciendo poses atléticas de kamasutra. Muero de envidia. Ella tal vez recuerda siempre a un weón borracho que se la metió bajo un árbol en luna llena sin rodeos y directo al doloroso grano de la virtud . Yo también pienso en ella cada vez que le pago a la puta rubia de la esquina para que la chupe y deje correrme en su cara.

Siempre pienso en lo que nunca pasó entre nosotros. Y cada vez que logro coger alguna chiquilla rubia, apretadita o virgen, fumo un cigarro o dos, en honor al orgasmo que siempre quise pero que olvidé con ella, todo eso mientras el eco de los jadeos se diluyen en las paredes aguardando mas sexo o un descanso definitivo.

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